Lectura 11 de Sep

Bueno le es al hombre llevar el yugo desde su juventud.” Lamentaciones 3:27. Esta afirmación es tan buena como una promesa. Ha sido bueno, es bueno y será bueno que yo lleve el yugo. Temprano en la vida tuve que sentir el peso de la convicción, y desde entonces ha evidenciado ser una carga que enriquece el alma. ¿Acaso amaría tanto el Evangelio si no hubiera aprendido, gracias a una profunda experiencia, la necesidad de la salvación por gracia? Jabes fue más ilustre que sus hermanos por cuanto su madre lo dio a luz con dolor, y aquellos que sufren mucho para nacer para Dios, son conformados en sólidos creyentes en la gracia soberana. El yugo de la censura es enfadoso, pero prepara al hombre para futura honra. Quien no haya sufrido el castigo del desprecio no es idóneo todavía para ser líder. La alabanza intoxica si no va precedida del ultraje. Los hombres que se alzan a la eminencia sin una lucha previa usualmente caen en la deshonra. El yugo de la aflicción, del desencanto, y del trabajo excesivo no ha de ser buscado de ninguna manera; pero cuando el Señor lo pone sobre nosotros en nuestra juventud, desarrolla con frecuencia un carácter que glorifica a Dios y bendice a la iglesia. Vamos, alma mía, inclina tu cerviz; toma tu cruz. Fue buena para ti cuando eras joven, y no te hará ningún daño ahora. Sopórtala alegremente, por Jesús nuestro Señor. La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román.